En el mundo se dice que las crisis son momentos que sacan lo mejor y lo peor de las sociedades, donde se demuestra la capacidad de adaptación que tenemos para sortearla.

La crisis del coronavirus llegó para muchos líderes y sociedades de una manera inimaginable, que la veían tan lejana en la distancia pero viajo tan rápido en un mundo interconectado y que tiene una hiperactividad movilidad, impactando de una manera no esperada y así entramos a la neblina de la incertidumbre.

La incapacidad de prever y de analizar los riesgos que conmocionarían a las estructuras sociales, económicas y de gobierno, dejaron al descubierto la realidad de muchos países (corrupción, desigualdad, insuficiencia gubernamental y política, carencia de liderazgos en todos los ambientes y una gran incredulidad de la existencias del virus y sus consecuencias).

En una crisis la población busca tener seguridad y certeza, dos elementos que le brindaran tranquilidad ante el escenario caótico que se vive; ambos componentes permitirán enfrentar la crisis de una manera positiva o negativa.

Y es aquí donde las acciones gubernamentales y políticas juegan un rol importantísimo, ya que deben tener un sustento claro, impactar directamente a la ciudadanía y así proporcionar seguridad y certeza.

Hoy las narrativas y acciones políticas sin temor a equivocarme se centran en un 99% en las emociones y sólo dejan el 1% a la razón, siempre menospreciando esa capacidad del ser humano para que genere sus propios juicios antes determinadas situaciones.

Ante lo dicho anteriormente Nietzsche es el autor más claro, al señalar que las personas deciden por emociones y sentimientos, y la argumentación aparece después para justificar nuestra decisión.

Para poder generar una verdadera conexión con la ciudadanía, ya no bastaran únicamente palabras y hechos que emocionen, sino de palabras y acciones que den sustento al argumento, brindando fundamentos que ayuden a pensar y a reflexionar. Ya no bastaran las historias llenas de emotividad, ahora se requerirá de componentes que estimulen la razón.

La transparencia, la honestidad, la empatía y la claridad serán elementos con que los políticos logren comunicarse y tendrán un papel fundamental para que consigan dar seguridad y certeza a la población, y por ende obtengan la confianza, la aprobación y la legitimación de sus acciones.

Los políticos que tengan la capacidad de adaptarse a los cambios, serán aquellos que alcancen la aceptación social; veremos si existen razón en ellos para lograrlo.

Publicado por benjamín_ramirez

Comunicador por formación, consultor en comunicación estratégica, máster en comunicación y marketing político por el CESCOMPOL, asesor en imagen política por el Colegio de Imagen Pública de Víctor Gordoa, relacionista público por el Centro Unesco y varias instituciones más. Miembro de la Red Jóvenes Políticos de las Américas de la FundaciónCD. Analista en Radio Formula Bajío y articulista en varios medios digitales.

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